Batallando sin prisa. Parte XXIII
Hay médicos maravillosos, cercanos, empáticos, humanos.
Sé que los hay, lo que no sé es dónde.
Hay otros médicos que
deberían ser forenses; más concretamente, antropólogos forenses. Como la Dra. Brennan,
alias "Huesos" (Bones en inglés). Por lo menos no harían sufrir a sus
pacientes.
Todos los días me cuentan historias desagradables, como
poco, cuyos protagonistas son médicos desalmados y pacientes maltratados.
Algunas veces, las historias se quedan en meras
anécdotas al más puro estilo surrealista, no carentes de daño, pero, con cierta gracia si sabes verla.
Una de las más patéticas, la he vivido en segunda persona y tuvo
lugar en una consulta de reumatología de un hospital público. Digo que la he
vivido en segunda persona, porque yo iba de acompañante. Llamaré a la
facultativa Dra. Gimeno, en honor a Pablo Carbonell (Gimeno, en
Hospital Central), y porque se llama así, ¡qué leñe!
La susodicha, hacía unos años que había diagnosticado a Fide
de Fibromialgia severa, aunque últimamente
le decía que no creía en la FM y que quien debería tratarla era un psiquiatra. En realidad, lo que ella cree es que "la FM es una diagnosis que se da a mujeres cuarentonas que no tienen nada que hacer y solo se preocupan de sus dolores".
Sí, yo también me quedé muerta al oír tanta barbaridad. Un maltrato en toda regla.
Fide se echó a llorar. Yo me eché a la yugular simbólica de la Dra. Gimeno.
Y es que, Fide conservaba el informe original de su
diagnóstico, escrito y firmado de puño y letra por la mismísima Dra. Gimeno: Juicio diagnóstico, Fibromialgia
severa.
Y así se lo dije:
-Aquí hay algo que no encaja, usted ya diagnosticó a Fide
de FM, ¿no lo recuerda?
-Eso es imposible -contestó ella- No creo en la FM.
-Eso no tiene nada que ver, hay curas que no creen en Dios,
pero se saben el catecismo y lo enseñan.
Aunque usted no crea, la OMS y el Ministerio de Sanidad reconocen la enfermedad, y hay a su disposición protocolos de
diagnóstico y tratamiento. Solo tiene que estudiarlos y aplicarlos.
-Pero, vamos a lo que vamos. Dígame, ¿usted escribió y firmó
esto?
Y voy, y le pongo el informe sobre la mesa.
-¡No puedo creer que yo haya escrito esto!-.
Esa fue su respuesta,
y se quedó más ancha que larga.
A mi estas cosas, me ponen más borde que una esquina. La respuesta me salió sola:
-¿Me lo parece a mí, o
aquí necesita un psiquiatra más de una…?
Eso la dejó fuera de juego, porque no dijo ni pío.
-Lo que está claro –le dije- es que Fide tiene un diagnóstico de FM firmado por usted, el Ministerio de Sanidad dice que hay que controlar
los síntomas. El síntoma que nos trae
por aquí es un hombro doloroso que no puede moverse y Fide quiere saber, a ser
posible hoy, qué va a hacer usted con
él.
Pues la buena mujer nos dijo que el hombro estaba
perfectamente, que no le pasaba nada y que se olvidara de la FM porque no la tenía.
A lo que le espeté: -¡¡¿Cómo la va a tener si no existe?!!
Y con las mismas le
dio el alta porque, “no quería verla
nunca más”. ¡Hala, una enferma de FM menos! ¡Acabábamos de
descubrir el desdiagnóstico exprés!
Nosotras, teníamos muy claro que en cuanto saliéramos por la
puerta, nos íbamos derechitas a Atención al Paciente, lo que no sabíamos era
cómo relatar tanto disparate.
A propósito del servicio de
Atención al Paciente o Usuario, ¿no podría ser Atención al Cliente? Por eso de que el cliente siempre tiene razón, digo.
Y pusimos una denuncia en Atención al Paciente, y otra en El
Servició Cántabro de salud. Y me quejé personalmente a su jefe, quién me comentó que era una
magnífica profesional de una calidad humana extraordinaria. ¡Hala!
Entonces le dije que no estábamos hablando de
la misma persona. Y me callé, no quería
llevarle la contraria. No porque no me guste llevar la contraria, que me gusta,
más bien porque en ese momento, el Jefe de Servicio de
Reumatología, estaba ocupado metiendo una aguja en mi propio hombro doloroso y lo haría mucho mejor si no le contrariaba. Mira tú por donde, ese día no hizo falta que tuvieran adrenalina a mano por si había
alguna reacción alérgica importante. Es hablar de la Dra. Gimeno y mis
glándulas suprarrenales son surtidores de adrenalina.
Por cierto, ¿con qué se mide la calidad humana? ¿Con imaginación?
Esta historia es un
ejemplo de lo que sucede cada día en muchas consultas médicas de este
país.
Como te puedes imaginar
cada vez hay menos diagnósticos de FM provenientes de "profesionales con una calidad humana extraordinaria" (déjame que me ría un rato). Hay comunidades autónomas,
como la mía, en la que “la enfermedad es exigua”, dicho por la Consejería de
Sanidad.
Esto es como el paro. Cada día hay menos gente en las listas
del paro. ¿Por qué? No porque encuentren trabajo. Se dan
de baja en el INEM, porque están hasta el gorro
y han perdido toda esperanza de conseguir un empleo, o se van del país
en busca de trabajo.
Con la FM pasa lo mismo, no hay diagnósticos, no hay
enfermos. El otro día me comentaba una amiga, que su médico le dijo que en Málaga
apenas hay casos de FM. ¡Lo que no hay son diagnósticos, buen hombre!
Qué alguien me explique cómo es posible que en el año 2007 según un trabajo editado a través de la Oficina del Defensor del Paciente de la Comunidad de Madrid en España hubiera 1.000.000 de afectados, y en 2014 haya 700.000, diagnosticándose cada año cerca de 120.000 casos. Dato este obtenido a través de redpacientes.com. Lo que ocurre en el Triángulo de las Bermudas es un chupete comparado con esto.
Qué alguien me explique cómo es posible que en el año 2007 según un trabajo editado a través de la Oficina del Defensor del Paciente de la Comunidad de Madrid en España hubiera 1.000.000 de afectados, y en 2014 haya 700.000, diagnosticándose cada año cerca de 120.000 casos. Dato este obtenido a través de redpacientes.com. Lo que ocurre en el Triángulo de las Bermudas es un chupete comparado con esto.
Como uno puede suponer, "la de la extraordinaria calidad
humana", no ha vuelto a hacer un diagnóstico de FM nunca más en su vida. Espero que si tiene consulta privada, tampoco
los haga allí. Porque los hay tan ruines
que, en la consulta
de la Sanidad Pública la FM no existe pero en su consulta privada
sí. Que esto ya es para hacerse una el
harakiri con el estetoscopio.
Y aquí es cuando me da la risa con el tan renombrado Juramento Hipocrático. En mi opinión, dicho juramento ha pasado a
ser un mero… un mero formulismo, una tradición.
Si este juramento tuviera valor
legal, que los médicos quedaran obligados legalmente a cumplirlo, otro gallo
nos cantaría.
¡Qué magnífica era la versión original! Aquella que decía por ejemplo: "Me abstendré de hacer daño
o hacer mal alguno a cualquier hombre…"
En la versión actualiza dicen algo así: “Hacer
de la salud y de la vida de vuestros enfermos la primera de vuestras
preocupaciones”. ¡Oye, y van, y lo
juran!
Los médicos en general
se enorgullecen de este Juramento y
muchos presumen de usar su conciencia y hacer lo que sienten que
es moralmente correcto; al fin y al
cabo, esa es la esencia del juramento original.
Lo malo es que la conciencia de algunos es de
cartón-piedra. Como dijo Pablo, tienen
cauterizada “su conciencia como si fuera con hierro de marcar” (1 Timoteo
4:2). Me explico. Cuando se marca a las reses con un hierro al rojo vivo, su
piel se quema y se forma una cicatriz insensible. Del mismo modo, la conciencia
de algunos médicos, a todos los efectos, está muerta, la ha palmado hace años. No siente ningún dolor. Se queda muda cada vez
que maltratan a un paciente; no les produce vergüenza. Y, por lo visto, no les
preocupa lo más mínimo, se van a casa y duermen como lirones, dejando atrás
personas maltrechas y sin esperanza, en una incesante peregrinación
de consulta en consulta.
Si Hipócrates levantara la cabeza… solo sentiría
repugnancia. Y Pitágoras también.

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