Después de la pausa posterior a la lidia en la Maestranza toca el enrevesado tejemaneje que me traigo con la lavadora.
¡No me lo
puedo creer (es sólo una frase hecha), tengo en la lavadora la colada
de ayer! Se me olvidó tenderla. ¡Por eso me extrañó tanto cuando
fui a quitar la ropa del
tendal y no estaba!
