Desde que tengo uso de razón,
me han estado dando masajes. Todo el tiempo no, claro. Ha habido períodos de
descanso.
Eso del uso de razón a
mí me crea unos problemas metafísicos que “paqué”. Porque, si tengo uso de
razón, ¿por qué nunca me la dan? ¿Qué es, que si me la dan, se quedan sin ella? Si hago mucho uso de razón, ¿se gasta? Si la
gasto, ¿he perdido la razón? ¿Por qué a los locos hay que darles la razón, si
la van a perder?
El caso es que desde muy niña
me han practicado masajes para aliviar el dolor o para intentar corregir la
escoliosis. Digo intentar, porque la muy retorcida (nunca mejor dicho), ahí sigue. Claro que, si no
me hubieran dado masajes, igual ahora estaba como el Quasimodo de Víctor Hugo.
A mí me sienta como una
patada en la boca que a este personaje se
le llamara Quasimodo, del latín, “casi hecho”.
Es que hablar es muy fácil... Quedaba muy bonito decir eso de que el
cuerpo humano no es más que apariencia, y esconde nuestra realidad. La realidad
es el alma. Bla, bla, bla... se te
llena la boca de palabras bonitas Víctor Hugo, pero vas, y al pobre muchacho le llamas “casi hecho”. Eso es una
humillación más grande que Notre-Dame, además de ser mentira, por supuesto.
Quasimodo es un hombre hecho y derecho. Bueno, derecho no, pero
más hecho no puede estar el muchacho. Porque
aparte de tener una gran fuerza y agilidad, es valiente, listo y sobre todo,
sensible. Víctor Hugo, metiste la pata con el nombre del chiquillo y con el
final de la novela. ¡Ciento sesenta y cinco años de lágrimas para que venga Walt Disney Pictures y te cambie el final! Ahora
ya nadie se acuerda de cómo termina tu obra.
Quasimodo puede considerarse desagraviado, y yo también. ¿No fuiste tú
quien dijo que a las mujeres les gusta
sobre todo salvar a quien las pierde? ¡Pues toma!
El caso es que, como iba
diciendo, me han estado torturan... dando majases, desde que tenía ocho años. Y
no estoy hablando de masajes de relajación precisamente.
Así que, desde ahora en
adelante, ten en cuenta que habla la voz de la experiencia.
Decía Oscar Wilde que
experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores. Estoy totalmente de
acuerdo, porque yo voy de error en error, o sea, de masajista en masajista. Y
cuando digo masajista, digo osteópata, quiropráctico, fisioterapeuta... huesero... con
títulos, con titulillos, y sin ellos. Que cuando una está desesperada y
saturada por el dolor no anda pidiendo
papeles.
Sé que es un error garrafal.
Deberíamos asegurarnos de que todo el/la que nos ponga la mano encima sea
Fisioterapeuta (a excepción de tu marido o mujer, claro) acreditado por un título universitario
y esté colegiado, aunque después se haya especializado en Osteopatía, Quiropráctica, o Filatelia.
¡Que hay gente que hace un
cursillo de fin de semana y abre una consulta!
Luego pasa lo que pasa, que las condiciones en las que estás después de
pasar por algunas manos, ya no son ni pasables. Y es que nos creemos que
cualquiera de estas terapias son seguras, cuando lo cierto es que tienen muchos
riesgos.
Total, que a mi esta
gente, con título o sin él, lo único que ha hecho es torturarme un rato largo. Por
eso, hace años decidí que no volvía a pasar por el proceso torturatorio nunca
más.
Pues he vuelto a recaer. Llevo
tres meses a suplicio semanal. Para nada.
Resultados: mismas
contracturas, misma escoliosis, mismo estado, menos dinero, más dolor. Porque a mi dolor habitual
hay que añadirle el dolor debido a las manipulaciones y el masaje; que este... puñetero,
cuando encuentra un punto de dolor se
regodea y aprieta.
Además, estoy en una
clarísima situación de alto riesgo: este hombre se trasmuta de fisio en quiro como Jekyll en Hyde, y en uno de esos
crujimientos que me hace me parte en dos, en tres o en cuatro.
A esto hay que sumarle el
dolor emocional que me ocasiona. El otro día me
dijo que me va a salir cuello de bisonte. ¡Menudo disgusto tengo! No se
puede ser más grosero. Él tiene ojos de besugo y yo no le digo nada.
Pero ésta no ha sido una
recaída total. Estoy recobrando el control. He puesto en marcha un plan de
recuperación aprovechando que se ha tomado unas vacaciones: No me vuelve a ver el pelo.
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| Tiene narices que el mejor masaje en el cuello que he recibido en mi vida me lo haya dado una pitón. |

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