Batallando sin prisa. Parte XIX
A menos que haga un esfuerzo consciente por detener a mi
mente, los pensamientos se suceden, uno tras otro, sin orden ni concierto. Es
ahí donde reside mi destreza para cambiar de tema en una conversación hablada
o escrita, para perplejidad de mis contertulios.
Al hecho de que una retahíla de pensamientos no tengan nada que ver entre sí; nada que ver con el anterior ni con el siguiente, Lys lo llama, de manera acertada y vivaz, a salto de mata.
Con esto me refiero a que
la mente salta de un pensamiento a otro a un ritmo de vértigo, y lo hace como impulsado por un resorte ante cualquier tipo de asociación: un ruido, un aroma, una palabra, una imagen. Voy y vengo, del último al primer pensamiento y viceversa, con una
facilidad inexplicable.
A parte de los daños colaterales que pueda acarrear, por los abruptos giros y cambios de sentido conversacionales, también esto tiene sus ventajas. Por ejemplo, es improbable que tenga pensamientos obsesivos, a los pobres no les doy tiempo a instalarse.
Desde luego, este funcionamiento mental es muy frecuente, que por algo dijo Buda: La mente es un mono
inquieto saltando de rama en rama.
Bueno, pues, si Buda hubiera visto este vídeo habría cambiado mono por cabra.
Yo me siento muy identificada, la verdad.
Definitivamente, mi mente es una cabra saltarina.
Una imagen vale más que mil palabras.

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