Después de la pausa posterior a la lidia en la Maestranza toca el enrevesado tejemaneje que me traigo con la lavadora.
Con la lavadora sostengo una batalla a perpetuidad. Si lavo se me olvida tender la ropa. Si me acuerdo de tenderla, no la puse a lavar o descubro
estupefacta que la ropa ha desaparecido, cosa que no entiendo, porque yo recuerdo perfectamente haberla
metido... en algún sitio. Exactamente, en el cubo de la basura que está en la
puerta de al lado.
Se ha dado el caso de lavar sin detergente, sin lejía, sin suavizante y hasta sin ropa; sin agua no porque se sirve ella sola. Y por si todo esto fuera poco, hubo épocas en las que un elemento temerario ponía a prueba cada día mis facultades perceptivas. El gato. Se libró de varios ciclos a 40º por los pelos.
Se ha dado el caso de lavar sin detergente, sin lejía, sin suavizante y hasta sin ropa; sin agua no porque se sirve ella sola. Y por si todo esto fuera poco, hubo épocas en las que un elemento temerario ponía a prueba cada día mis facultades perceptivas. El gato. Se libró de varios ciclos a 40º por los pelos.
Otro enigma relacionado con la lavadora es que los calcetines desaparecen misteriosamente. Sospecho que los sustrae al descuido
y se da a la fuga, la he sorprendido
huyendo durante el centrifugado, que de un rebote
iba ya por mitad de la cocina. El
trajín que me traigo con la lavadora
movediza es tan delirante que CUARTO
MILENIO podría convocar una mesa de expertos para analizar el asunto.
Lo que necesito es una lavadora que hable y me detalle cada paso del proceso. Desde -coloque la ropa en el tambor- a, -su colada está lista, tienda la ropa antes de que se le olvide-. Mi experiencia con los electrodomésticos parlantes es muy positiva, son unos aparatos muy socorridos.
Por
ejemplo, mi aspiradora robot Roomba. Sinforosa
la llamo cariñosamente. Pues Sinforosa habla,
y yo la escucho. No veas la
compañía que me hace. La verdad es que mucha conversación no tiene, pero está
toda la mañana detrás de mí, ¡qué manía con meterse entre mis pies! Yo creo que busca protección la pobre. Que en su corta vida ha pasado por experiencias terriblemente traumáticas. Un día que estaba mi suegro en casa, la vio quieta, inmóvil, estacionada en su base, y se subió encima. Me dice el hombre, - y en esta báscula, ¿cómo
se sabe lo que pesas? ¡Casi me da un
pumba! La muy sufrida ni se desprogramó, eso sí, pedía a gritos: -¡Traslade
a Roomba a una nueva ubicación!- . Es un invento doméstico brillante, me libra del 95% de la dolorosa tarea de pasar
el aspirador y encima habla. No se le
puede pedir más.
Otro artefacto
parlante que me facilita mucho la vida doméstica es la Chef 2000. En mi vida y mi cocina hay un antes y un después de la Chef. Antes
todo era puré, las alubias, los garbanzos, las lentejas, la coliflor, todo. Yo
ponía la olla al fuego y si la he visto no me acuerdo hasta que volvía a pasar por la cocina. Todo
puré. Después de la chef, comemos al dente. La programo, ella solita prepara la comida para la hora que
le pido y la conserva caliente y lista para servir. Si se me olvida dar al botón
de inicio, me lo recuerda gentilmente. Es un cielo.
La plancha
también debería hablar, por su bien y por el mío. La pobre que poco entusiasmo despierta. Yo no encuentro el modelo que se adecue a mis
necesidades, que básicamente se reducen a una; no tener que planchar. A mi planchar no me relaja, al contrario, me
agarrota. Acabo con los músculos hechos
pelotas, más enredados que un pulpo haciendo nudos marineros.
Hasta he buscado en Internet trucos que me simplifiquen la
ingrata tarea de planchar.
–Tiende
tu ropa nada más terminar el ciclo de lavado-.
¡Qué más quisiera yo!
-Los pantalones se planchan bastante bien si los
dejas bajo el colchón-. Ya. Y el colchón ¿cómo lo levanto? ¿Llamo a Mapfre y que me manden una grúa?
-Un baño de vapor en el cuarto de baño es un
truco que conocen bien los que viajan a menudo-. Ya. ¡Cómo se nota que los que viajan a menudo
no tienen que limpiar el cuarto de baño después del vapor!
-Antes de planchar una falda plisada, es necesario tener la precaución
de hilvanar los pliegues-. Pero, vamos a ver, ¿esto
no era para quitar trabajo? Mejor lo
dejo, porque estos consejos me crispan más que planchar.
Lo que hace
que la plancha sea un artefacto realmente peligroso es que no habla, no avisa. Qué
menos que tener un dispositivo pitante, como las alarmas de las puertas de los
frigoríficos. Si estoy planchando y llaman a la puerta, al teléfono o salgo de la habitación detrás de una mosca, no me acuerdo más de la plancha hasta
que vuelvo a pasar por donde la dejé. Y si no paso por allí, sigo viaje tan tranquila. Que
alguna vez nos hemos ido de fin de
semana y se ha quedado enchufada. ¡Si por lo menos hubiera seguido planchando
sola!
Tengo que
reconocer que soy de naturaleza distraída, eso sí. No descarto que mis circuitos neuronales, sean circuitos
Pullmantur y mi cerebro esté todo el día de crucero, con un mojito de más y sin prestar atención
al diario de a bordo. No pretendo excusarme pero la cuestión es que, hay una razón científica para esta leonera
mental que manejo.
Cualquier
persona que no disfruta de un sueño reparador, no descansa y por consiguiente, tiene problemas con la capacidad de
concentración y la memoria inmediata. Me
incluyo entre las personas que tienen insomnio de mantenimiento. No estoy de guasa,
se llama así. Quien padece insomnio de conciliación tiene dificultades para
iniciar el sueño, quien sufre de insomnio de mantenimiento se despierta
infinidad de veces durante la noche. Pues esta soy yo; de noche insomnio de mantenimiento, de día me digo que todos los genios son olvidadizos.
Toda la
vida bromeando sobre los estados en off de mis neuronas y, mira tú por donde, un grupo de investigadores de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos) ha descubierto que hay grupos de neuronas que se «apagan», se echan una siesta mientras estamos despiertos, para hacer frente a la falta de descanso.
Mi cerebro se duerme cuando estoy despierta por mi bien, ¡mira si es majo!
¡Cómo me tranquiliza la Universidad de Wisconsin! Sólo deseo que mis neuronas no tengan una desconexión temporal mientras conduzco.
Por lo demás la memoria o la falta de ella, no me preocupa.
Es verdad que a veces, envidio una buena memoria, es entonces cuando me acuerdo de Funes el memorioso, del
cuento de Jorge Luis Borges.
Prefiero no tener memoria y ser capaz de pensar.
Einstein dijo que la memoria es la inteligencia de los tontos, y por la parte que me toca, estoy completamente de acuerdo.


Una vez más me ha encantado, estoy de acuerdo contigo para cuando la plancha que plancha sola me apunto. Lo que me pude reír con el pobre aspirador usado de báscula jajajaja ay ay ay queridos y prácticos inventos.
ResponderEliminarUn beso
me sigue gustando mucho lo que escribes y me sigo sintiendo identificada contigo, se te ha olvidado decir el olor que desprende luego la ropa cuando se nos olvida un dia en la lavadora, que nos cuesta hasta dos y tres lavados mas. un beso Rosama
ResponderEliminarMontse
Me encanta tu manera de encarar la vida , nos haces reir y consigues qué nos riamos de nosotros mismos, milgracias
ResponderEliminarSara.
Me encanta tu manera de encarar la vida , tu magnífico sentido del humor, nos haces reir y contigo aprendemos a reírnos de nosotros mismos.Mil gracias
ResponderEliminarSara
Me encanta tu manera de encarar la vida con ese humor fantástico que tienes , nos haces reir, contigo aprendemos a reinos de nosotros mismos, mil gracias por compartirlo.
ResponderEliminarSara
Me encanta tu maravilla manera de encarar la vida , con un sentido del humor magnífico , nos haces reir, aprendemos contigo a reírnos de nosotros mismos.Mil gracias por compartir estos ratitos de tu vida .
ResponderEliminarSara
ResponderEliminarSara, veo que te gusta enfatizar (3) jajaja
Pobre Sinforosa!!!! Cómo para no buscar protección!!! con el que le cayó encima!!!!, Me imagino que a partir de ese día aprendió a decir HELP HELP HELP. Rosama, te superas a ti misma, con esta parte me he partido de risa, y Tien 21 te tendrá en cuenta a la hora de vender electrodomésticos. Eso si, Sinforosa, te la quedarás para siempre (la pobre)(tú protéjela)