Batallando sin prisa. Parte XXVI
Se
ha escrito mucho sobre como el estrés influye en las decisiones que
tomamos, pero muy poco sobre como el tener que tomar una decisión
puede proporcionar cantidades industriales de estrés.
En
mi caso, y creo que en el de muchas personas con Fibromialgia (FM),
es la toma de decisiones lo que me produce estrés, y no al revés.
¡Vamos, que enfrentarme a una decisión, y que el hipotálamo desate
todas las alarmas, y las suprarrenales den rienda suelta al
cortisol, es todo uno!
Desde
las cosas más nimias a las más importantes, decidir me produce
estrés del malo. Hay pocas cosas que me agoten más que tomar una
decisión.
Hay días en los que me pongo a pensar en qué ropa ponerme y mi organismo se
coloca en modo metabolismo catabólico, como si del fin del
mundo se tratará. Lo que se llama un auténtico catabolismo... ummm... cataclismo.
Este
proceso tengo que estudiarlo más a fondo porque si lo que hace el
catabolismo es tomar las sustancias de mi cuerpo para transformarlas
en energía, no me explico que tenga tan poca.
A parte de que según
este comportamiento catabólico, el estrés me debería adelgazar, y cada día me parezco más a una modelo de Botero.
Sea,
como sea, la cosa es que tomar decisiones me mata. Por eso, cuando he
tomado una, es más firme que una sentencia del Tribunal Supremo.
Bueno,
pues hace un par de meses decidí comprarme un coche. Pura necesidad,
que mis caprichos no van más allá de chocolate...
un concierto de Raphael... un
viaje al Caribe de vez en cuando... cositas así.
No
podía enfrentarme a tomar una decisión tan desbordante en
un concesionario, a merced de un/a vendedor/a al que no le importan mis
necesidades, y mucho menos mis posibilidades. La decisión tenía que
tomarla en casa, sin prisas, y con el hipotálamo en modo relajación.
Tras
una ardua tarea de investigación por Internet, ya sabía lo que
quería; un buen coche, con materiales de calidad, sistemas de
seguridad, de bajo consumo, y de bajo coste. No necesito un coche
inteligente. Quiero un diseño inteligente. Y barato. Quiero un coche
básico, sin extras, sin tonterías. Y barato. Uno con ABS, con ESP,
con EBD, con EBA, airbags frontales y laterales, sensor de inflado de
ruedas. Y barato. Sin radio, sin aire acondicionado, sin elevalunas
eléctrico, sin cierre centralizado, sin cenicero. Sin todo.
Después
de unas cuantas semanas viendo páginas de coches del derecho y del revés,
ya estoy convencida y decidida. Preparada para acercarme a un
concesionario Renault, mantener una lucha titánica con el/a
vendedor/a, y plantarme en mis trece.
Me siento como aquellos
gladiadores que decía Séneca: “Peleadores de mediodía que salen
sin ningún tipo de armadura y que se exponen sin defensa a los
golpes”.
Mi defensa será mi firmeza... y mi lengua, que la llevo
cargada. Ni una concesión.
“De comerciante escondido te tienes que
defender, en cuanto estés distraído algo te querrá vender… Que
no te vendan de nada que tú no quieras tener”, que cantan mis
maestros Les Luthiers.
Me
fue a tocar la vendedora charlatana, embaucadora, enredadora… Lo
veo en sus ojos. En sus ojos, y en que me dijo mi marido: no te fíes
un pelo de la rubia. Y va, y me toca la rubia.
-Quiero
un Dacia Sandero, básico. BÁ-SI-CO.
-Buena
elección. Pero, permíteme que te enseñe un Sandero Stepway, te va a
encantar su diseño aventurero y robusto- dice la rubia.
-Sí,
me encanta, tengo un marido así. Pero como coche prefiero el básico;
digno y barato.
Me
ha mirado raro, la pobre.
-Muy
bien, pero el básico es muy… simple.
-Sencillo,
le llamo yo. Mira, para que me entiendas te diré que no me compro un cuatriciclo
porque no puede circular por la autovía.
Así
que la mujer me enseña un Sandero, a secas.
-
Este es básico, con algunos extras...
-
No quiero más extras que la rueda de repuesto.
- ¡Mujer, por lo menos cierre centralizado le pondrás!
-
¡Qué va! Yo quiero una llave como las de toda la vida, de las que se meten
por la cerradura, y que cada puerta se cierre por separado, que el
centralizado se rompe y a aparte de marearte un rato, cuesta un riñón
repararlo.
-
Y, ¿aire acondicionado?
- Uff, ¡qué va! El aire acondicionado se acciona con el motor y hace que vaya más forzado, por lo que consume más.
Además, la acumulación de humedad en los conductos provoca
bacterias, y moho. Y aparte de que apestan, dan una alergia
asquerosa.
La
rubia me mira mal, lo noto. Pero no se da por vencida, no.
- ¡Mujer, elevalunas eléctrico le tienes que poner!
-Quita,
quita... eso es peligrosísimo. Te caes al río y ¡no puedes abrir
la ventanilla!
La
rubia alucina, te lo digo yo. Pero es insistente como nadie.
-
Radio le pondrás. ¡Sin música no se puede vivir!
-No
te preocupes que ya canto yo...
Y
ella, incansable.
-
Aquí lo normal, es que todo el mundo diga: Por un poco más... por
un poco más...
-
Ya, ya, y por un poco más te gastas 3.000 euros en tonterías
innecesarias. Yo quiero un coche para ir a casa de mis padres y
poco más.
-
Y tienes muy claro lo que quieres. Me parto contigo.
Eso
no sé si es bueno o malo.
El caso es que salí del concesionario con mi Sandero BÁSICO, y BARATO.
El caso es que salí del concesionario con mi Sandero BÁSICO, y BARATO.
5 años de garantía, seguro a todo
riesgo gratis por un año, 2 años de mantenimiento gratis, seguro
de sustitución gratis por dos años.
No me ha podido ir mejor. La planificación cuidadosa, las ideas claras y no dar un paso atrás, reducen el estrés. Hazme caso.
No me ha podido ir mejor. La planificación cuidadosa, las ideas claras y no dar un paso atrás, reducen el estrés. Hazme caso.
Y
aquí está mi Sandero que es más majo que todas las cosas. Visita
la gasolinera una vez al mes, con eso lo digo todo. Le he puesto de nombre Úh!
como guiño a Juan de la Cosa; porque la COSA lo merece.

No hay comentarios:
Publicar un comentario