VIVIENDO DE RISA (batallando sin prisa). Parte III
Algunas personas bienintencionadas, se preguntan que cómo es posible conciliar mis
dolores de espalda y padecimientos varios con mi vida motera. Porque aquí donde me lees, me considero
motera. Sospecho que esta es sólo una pregunta retórica, aun así,la voy a contestar.
Estoy convencida de que hay gente a la que le molesta que una disfrute. Si
estás enferma tienes que estar en casa llorando, porque si te ven feliz y que
vas y vienes es que no estás tan mal.
Porque la que de verdad está enferma no se da una paliza en moto, se queda en casa lamentándose por su “¡menuda vida!”.
Yo, por supuesto, también tengo mi “¡menuda vida!”. Hay días que esa vida, como mucho, se reduce a sofá y portátil, pero otros puedo hacer paravelismo (parasailing), viajar en moto y hacer el pino puente, y lo hago.
Porque la que de verdad está enferma no se da una paliza en moto, se queda en casa lamentándose por su “¡menuda vida!”.
Yo, por supuesto, también tengo mi “¡menuda vida!”. Hay días que esa vida, como mucho, se reduce a sofá y portátil, pero otros puedo hacer paravelismo (parasailing), viajar en moto y hacer el pino puente, y lo hago.
Si algo he aprendido es que todas mis actividades, tanto en el trabajo como en el ocio, tienen un precio, y que yo decido si merece
la pena pagarlo o no. Pago todos y cada uno de mis viajes en moto. Con dolor. Pero, los pago feliz porque recibo mucho a
cambio. Como dice Lys, -Yo pago, yo
elijo-. Así que por favor, tú déjame a mí si eso... no me juzgues y alégrate
conmigo por todo lo que sí puedo hacer.
Un desafío, una pasión.
Así lo vivía ella, así lo sentía él.
No llegué al mundo moto por devoción, lo
hice completamente en contra de mi voluntad.
Nunca me atrajeron las motos, principalmente
porque siempre que veía una llevaba un tonto encima.
Fue mi consorte quien empezó a sufrir de
pasión motera. No es la velocidad, ni el
modelo, ni la marca lo que le seduce. Yo creo que cualquier artilugio que tenga manillar le sirve. ¡Vamos, que si yo
tuviera manillar iba a estar él mirando el
fútbol! Le recuerdo enamorado de bicis y motos desde que éramos niños. Claro que, sus gustos han ido
evolucionando con la edad.
Total, que un día me dijo:
-¿Qué te parece si nos compramos una Harley-Davidson?
-¿Eso duele?
-Solo por el precio.
-¿Qué te parece si nos compramos una Harley-Davidson?
-¿Eso duele?
-Solo por el precio.
La verdad es que se merecía una Harley, y
un Ferrari también. Así que, acepté la propuesta y la incertidumbre de un desafío extremo al que hacer
frente, sí o sí.
¿Qué hago yo encima de una moto? ¡¡QUEJARME!! ¡Iba
quejándome a todas partes! Se puede
decir que ejercía a las mil maravillas de nuera de la moto; siempre hablaba mal de ella
y quería poner a mi marido en su contra.
-Los estribos me hacen daño, ¿a quién se le ocurre hacer unas bases en las que no se puede apoyar todo el pie?
La verdad es que, literalmente, los estribos me cercenaban los pies. Un tubo de acero más duro que el diamante, incrustado en mi bóveda plantar.
-¡Claro, cómo el piloto no sufre con los estribos, que en su lugar tiene unas plataformas que parecen una pista de aterrizaje! ¡Cuánta incomprensión!
Ahí va mi marido, el hombre, a cambiar los estribos por unas plataformas dignas de la princesa del guisante. ¡Qué descanso! Pero, ¿por qué no ponen estas cosas de serie? ¡Con la de discusiones de pareja que podrían evitar!
-Los estribos me hacen daño, ¿a quién se le ocurre hacer unas bases en las que no se puede apoyar todo el pie?
La verdad es que, literalmente, los estribos me cercenaban los pies. Un tubo de acero más duro que el diamante, incrustado en mi bóveda plantar.
-¡Claro, cómo el piloto no sufre con los estribos, que en su lugar tiene unas plataformas que parecen una pista de aterrizaje! ¡Cuánta incomprensión!
Ahí va mi marido, el hombre, a cambiar los estribos por unas plataformas dignas de la princesa del guisante. ¡Qué descanso! Pero, ¿por qué no ponen estas cosas de serie? ¡Con la de discusiones de pareja que podrían evitar!
-Este asiento me parte el culo, ¿no ves que es muy estrecho? ¿A quién se le
ocurre hacer un asiento tan estrecho?, ¡si
como me descuide no me recoge ni el surco glúteo! Esto es la versión moderna de la silla de
Judas. Yo quiero un asiento lo suficientemente ancho para que se reparta la presión resultante de posarme sobre mi
trasero.
¿Por
qué tu asiento es cuatro veces más grande? ¡No hay derecho!
Ahí va el hombre, a cambiar el asiento.
Por cierto,
me parece una desfachatez de muy
mal gusto que la chica del concesionario Harley-Davidson le diga
a Lay que vaya culo tiene su
mujer para que no le quepa en el asiento. A ver, que el volumen de las nalgas no
interviene en la capacidad de sentarse ni en el asiento, que si así fuera, ella necesitaría uno como la rueda de un
tractor.
Con nuevo asiento y todo, el coxis y los
isquiones acaban molidos. Porque en la
moto me siento con los isquiones alineados óptimamente en pelvis neutra, ¡cómo
lo lees! Que digo yo siempre; si me
siento con los isquiones, que me siento, porque los siento, ¿por qué me duele el
coxis como si me sentara con él? Un misterio, pero aun sentada con los
isquiones, después de una kilometrada el coxis duele un isquion y parte del
otro.
-Y esta cosa con ruedas, ¿por qué tiene un respaldo tan bajo? ¿Es que nadie
piensa en el paquete, digo, en el pasajero?
Ahí va Lay, a solucionar el tema respaldo. ¡Tiene
más paciencia el hombre! Él dice que la tiene toda porque nunca la gasta. ¡Es más majo!
Esta vez no va
al concesionario, yo creo que para que la de la rueda de tractor no
piense que está casado con un armario ropero. Por eso y para ahorrarse una pasta, que a
este ritmo nos va a salir la moto como un Ferrari. Acude en busca de ayuda a nuestro amigo e
inventor, Ángel Pérez. A él le debo un
respaldo anatómico, hecho a la medida de mi espalda. Y si digo que se lo debo
es porque nunca le pagué. Mi respaldo,
cómo las mejores cosas de la vida, no tiene precio y nuestro amigo tampoco.
Bueno pues, poco a poco nos fuimos aclimatando la moto y
yo. A pesar de todo, yo seguía
protestando por las incomodidades asociadas a la vida motera, que son muchas,
la verdad. Fue entonces cuando me puse a reflexionar sobre la vida que me esperaba, todo el día protestando y
amargándome la ruta por una cosa o por otra. -¿Tú quieres ser feliz o gemebunda mustia?-. –Pues tienes dos opciones, o disfrutas o
sufres. Tú eliges-. Y pudiendo elegir, elegí disfrutar.
El dolor dorsal, que es el que más me
mata, se relaciona y empeora con la
actividad. En la moto la actividad es poca,
por lo tanto, el dolor dorsal es leve. Además,
gracias a las modificaciones hechas por Lay, el territorio moto ha
dejado de ser territorio comanche.
Fíjate si será confortable mi moto, que
subirme y dormirme es todo uno. No lo puedo resistir. El sonido de una Harley
ejerce en mí un efecto hipnótico. Lay el pobre, cada dos por tres, me busca
con la mano a ver si estoy o me ha perdido por el camino. Mi piloto se siente
“el que tiene esposa, como si no la tuviera”, que diría Saulo de Tarso ya
convertido. Y es que soy el paquete perfecto.
He llegado a la conclusión de que si me
duermo nada más subir a la moto es por el estado de agotamiento que me deja
vestirme de motera. Esto del equipamiento personal, es mucho peor que vestirse
después de una ducha. Y si te duchas justo antes de vestirte, ya ni te cuento. Es como enfundarse un traje de buzo y encima otro de astronauta.
No sé si te habrás dado cuenta, pero la
cabeza está flotando por encima del
tronco y solamente el cuello la mantiene en su sitio. Poco cuello y muy
maltrecho el mío para tanto casco. Pesa más que el yelmo de una armadura. Cuesta un
esfuerzo considerable ponerlo y quitarlo. Para que sea efectivo y seguro tiene que
ajustarse mucho y eso significa que te apretuja la cabeza y la cara. Como además llevo un pinganillo que no va integrado
en el casco, la presión sobre el oído hace que se me incruste hasta
el tímpano y, eso duele.
Lay en su empeño por aliviar mis males me
compró un collarín de gomaespuma en forma de herradura que se coloca debajo del
casco sobre los hombros.
El descanso que ofrece es considerable al no tener que sostener
continuamente la cabeza en las curvas y en los baches. Ahora que, todo este equipamiento, incluido
el traje, te devuelve otra vez al más
puro estado RoboCop. Así que claro,
después de este trajín me quedo frita en la moto.
He de reconocer que más de una vez he
comenzado un viaje con alguna que otra contractura y han ido desapareciendo poco
a poco. Estudié este asunto detenidamente y creo que se debe
a la vibración producida por la moto que me sirve de masaje. Un descubrimiento muy gratificante fue que en un
viaje de dos días puedo adelgazar un kilo. Es cómo pasarte el fin de
semana subida a una plataforma vibratoriaaaa
aaa aaa.
Otro motivo por el que me gusta la moto, es porque mi marido es mucho más solícito en los viajes en
moto que en los viajes en coche. Un viaje en coche tiene como único objetivo llegar al
destino. En un viaje en moto, lo de menos es llegar. El objetivo no es el
destino, es disfrutar el camino. Así que, se adapta a mis necesidades sin problemas. Siempre nos marcamos etapas cortas,
al ritmo que impone mi cuerpo.
Alguna
vez tenemos que parar ipso facto porque no puedo más. Y cuando digo: Lay, ¡no
puedo más! él sabe que no puedo más y se detiene al momento. En esos casos
me tengo que tumbar donde sea, a la orilla de la carretera, encima de un
muro, donde pille. La cosa puede quedarse en la más estricta intimidad o puede ser todo un espectáculo público,
depende del paraje. Lo bueno que tengo
es que mi espalda responde fenomenal al reposo y en unos minutos estoy otra vez
sobre la moto.
Dicen que silbar es el recurso musical de los
cantantes frustrados para interpretar canciones medianamente afinadas. No sé si
será por eso pero Lay silba cuando va en moto.
Tiene un repertorio extenso, los diez silbidos memorables de la historia
del cine. Las mejores bandas sonoras
para mi sola vía pinganillo.
La Marcha del Coronel
Bogey de El puente sobre el Río Kwai
(1957), Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965), El
bueno, el feo y el malo (1966), y así hasta diez o más.
Que no es que silbe mal, que no, ¡si es un auténtico maestro del silbido! Pero es que yo tengo hiperacusia. Mi oído no maneja bien los sonidos o es qué mi cerebro multiplica los decibelios. Sea por lo que sea, cualquier sonido normal puede convertirse en doloroso. ¡Imagínate un concierto de silbidos a través de un pinganillo incrustado en el tímpano! Tú sílbale así al oído de un perro y verás lo que te dice. ¡Cuánto daño ha hecho Enio Morricone a las familias!
Que no es que silbe mal, que no, ¡si es un auténtico maestro del silbido! Pero es que yo tengo hiperacusia. Mi oído no maneja bien los sonidos o es qué mi cerebro multiplica los decibelios. Sea por lo que sea, cualquier sonido normal puede convertirse en doloroso. ¡Imagínate un concierto de silbidos a través de un pinganillo incrustado en el tímpano! Tú sílbale así al oído de un perro y verás lo que te dice. ¡Cuánto daño ha hecho Enio Morricone a las familias!
Menos mal que tengo mis recursos y no es por
nada que soy yo la que tiene el control del intercomunicador.
Hubo un tiempo en que me dije YO NO PUEDO, y apunto estuve de creerlo. Es extraordinario el poder que tienen las palabras. Por eso, no digas nunca, yo no puedo. No siempre es verdad. No te sabotees, no te rindas. Déjate arrastrar a la inmensa aventura de vivir, aunque te duela. Porque a veces,
el dolor también es una forma de
sentirte viva.
“Me inclino, luego existo”. (Anónimo)*
* El motorista desplaza el centro de gravedad al inclinar su cuerpo hacia la dirección
de la curva. ¡Que tengo que explicarlo todo!



:-D. Me ha encantado! y me he reído!!! el mejor de los tres porque me gusta saber que disfrutas y te sientes viva y agradecida.
ResponderEliminarUn beso, te quiero.
Tinything
Ahora que se te ha pasado la primera impresión, lee las otras y verás que te ríes. Besitos.
EliminarMe alegra mucho que suegra y nuera finalmente, estén tan bien avenidas. Y es que el principal interesado en ese buen entendimiento, se lo ha currado (agradecemos su parte a nuestro amigo Ángel Pérez)y es que él siempre ha querido mucho a su Misol, desde que le tiraba de las trenzas cuando era pequeño (era su signo cavernícola de posesión jajajajajajaja). Y Misol a él? También: no solo se merecía una Harley, sino también un Ferrari... No, no, si el chico no es tonto. Y por si eso fuera poco, ya pasados los años y con fibromialgia y todo, su esposa sigue estando como un tren; como para no complacer a quien nos complace!!! Un buen tándem.
ResponderEliminarSeguir disfrutando de los días buenos en amor y compañía, y si a alguien le fastidia, pues dos problemas tiene...
ARRIBA LA ROSAMA (de la Harley)
Elena, estás que te sales... jajjajajaajajajajajajajajaaj Gracias por leerme y pasártelo bien.
EliminarMe has hecho disfrutar no solo de una excelente narrativa, llena de ingenio, humor, y sobre todo sin resentimientos, también de un bonito mensaje, el ejemplo que dejas: Buscas adaptarte a la vida y cuando no se deja modelar mas por tu empeño y voluntad, te amoldas tu a ella.
ResponderEliminarSabes? para mi también ha sido la moto un sueño, aunque todavía no ha tocado, pues me lo he gastado todo criando niños, lo que no sabia que es el ejemplo perfecto de equilibrio necesario para la vida. Nos inclinamos para buscar nuestro centro de gravedad, y cuando nos alineamos con él y eso se hace en perfecto unidad y armonía con las fuerza externas y sin esfuerzo aparente en cada movimiento, esa sensación de equilibrio apenas imperceptible, de paquete, pasa ser un todo de satisfacción. Eso es lo que nos ocurre en la vida cuando nos alineamos con nuestros centro de gravedad o ser interior, y nos dejamos llevar por el mundo en armonía con él. La humanidad es como un paquete que todavía no se ha alineado con su centro de gravedad, su ser interior, y va dando bandazos y coscones dentro de aquel recipiente que lo confina, pues todavía no sabe ir suelta, y tiene que ir necesariamente atada o confinada, y eso, no solo le resta libertad, sino que le priva de la posibilidad de disfrutar de esa casi imperceptible pero maravillosa sensación de este viaje, de viajar por este universo como un maravilloso paquete que es.
El dolor, sin bien es algo que lacera nuestras vidas, no podemos por menos que reconocer, nos despierta y nos llena de vida, o de ganas de vivir cada momento que no duele, que es lo mismo. Nos eleva, nos impulsa, pronto o tarde el dolor desaparece pero su impulso queda para siempre.
Gracias por tu mensaje .. y por tu forma de contarlo.
Muchas gracias Juan Manuel. Eres todo un maestro del vivir. Es un placer tenerte por aquí.
EliminarGenial, delicioso.
ResponderEliminarLo que cuentas y sobre todo, ¡cómo lo cuentas!
El cambio de tu imagen (o como se llame) a una mariposa tampoco es casualidadd (nada lo es).
No eres una alumna, eres una maestra deliciosa.
Luis Serrano Tausía
Gracias Luis. Es fácil aprender, tengo un maestro extraordinario. El mes que viene repito curso y será un placer.
EliminarUn abrazo
Rosa, me encanta la historia narrada con su autenticidad y vivencia personal.Disfrutar de lo que se hace es la mejor satisfacción y terapia.
ResponderEliminarHas conseguido ser una motera en toda regla con modificaciones en la moto como tu dices, pero son mejoras para adaptar ese cuerpo entregado a la vida. Sigue disfrutando como siempre junto a Lay y la Harley.
Aludiendo a la respuesta de Luis y compartiendo con el ( eres una maestra deliciosa ) .......Os echo mucho de menos.Este año también quiero repetir curso. Un abrazo
Conchi Álvarez.
me ha encantado Rosama, que buen ejemplo para l@s que estamos enferm@s, como bien dices el dolor está ahí, ese por desgracia no se vá nunca, pero cuando estamos un poco "pasables" podemos hacer cosas que nos hagan sentirnos vivas, y personas, quizás luego lo paguemos, suele ser así, pero no tenemos dolores en los brotes igualmente sin apenas hacer nada? pues mejor tenerlos por haber disfrutado y ser felices, me encanta tu filosofía de la vida, me encanta tu buen humor, y creo que voy a ser una seguidora de tu blog, gracias Rosama por hacerme pasar un buen rato.
ResponderEliminarMontse